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El origen de las alpacas

Según los pueblos de lengua aimará y quechua de Bolivia y el Perú, antiguamente el mundo estaba formado por dos mundos sobrepuestos, el superior y el inferior. EL inferior estaba poblado de enormes rebaños de alpacas rollizas y robustas propiedad del apu o dios de la montaña de los que cuidaba su hija. Las alpacas del mundo superior, por el contrario, eran mucho menos abundantes, de calidad inferior y fibra corta.

Puesto que la del apu pasaba muchos apuros para proteger a las alpacasy de numerosos depredadores de la región, su padre concertó un matrimonio con un joven pastor del mundo inferior para que la ayudase a atender a los rebaños. Durante algún tiempo la hija del apu y su marido vivieron felices en el mundo interior, pero al cabo de un tiempo el joven pastor empezó a sentir añoranza y dijo a su esposa que quería regresar a su mundo y enriquecerlo con los rebaños del mundo interior. La hija del dios de la montaña acepto, reunió a las alpacas y emprendió el viaje por los manantiales y lagos para establecerse con su marido en el mundo superior. La única condición impuesta por su padre para consentir el matrimonio había sido que su matrimonio debía cuidarmuy bien de los rebaños y de una menuda alpaca que había que llevar siempre a cuestas. El marido de la hija resulto ser muy perezoso y un día dejo la menuda alpaca en el suelo pensando que ya se las arreglaría sola. Al verlo, su mujer se horrorizo y corrió de inmediato al manantial más próximo, se zambullo y nado hasta el mundo interior. Las alpacas la siguieron, salvo algunas a las que se lo impidió el pastor. Desde entonces, las alpacas del mundo superior permanecen cerca de los manantialesy lagos sin cesar de suspirar por su señora que aun no ha regresado.

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La ceremonia haywarisqa: apaciguamiento de los dioses de la alpaca

El mito del origen de las alpacas contiene una lección fundamental que los pastores andinos actuales todavía comprenden: que al principio la vida era laboriosa, pero que los rebaños de alpacas se multiplicaron, el mundo se hizo fértil y la vida menos ajetreada por algún tiempo por obra y gracia de los dioses de la montaña, y que después la humanidad desobedeció a los dioses y los rebaños disminuyeron, por lo que ahora hay que cuidarlos constantemente. El mito explica por que ahora la vida es tan difícil, por que el futuro esta tan lleno de incertidumbres y por que hay que tratar con gran respeto a las alpacas y los dioses de la montaña.

El mito también ilustra el importante papel que desempeñan las mujeres en la sociedad andina. El mundo interior se considera femenino y se distingue por la fertilidad y la abundancia de las alpacas. La feminidad va unida, por consiguiente, al bienestar y la abundancia. El mundo exterior, por el contrario, posee varias cualidades masculinas y se caracteriza por pequeños rebaños con los que se sobrevive a duras penas. El mito precisa que la señora de los rebaños era una mujer y no un hombre, y que fue por culpa de la negligencia de él que se perdieron los favores del dios de la montaña. En la sociedad andina actual se describe generalmente a los hombres como viajeros, comerciantes y caminantes, algo que ellos mismos admiten ser y, por tanto, se les asocia mas estrechamente a las llamas, que se consideran andinas y sirven para transportar mercancías por todo el mundo andino. De todos modos, se cree que el hombre y la mujer se complementan mutuamente, porque cada uno contribuye con sus rasgos particulares a la sagrada unión, formando una empresa común que ha funcionado perfectamente durante milenios.

Como ya se ha mencionado, hay dos meses al año en los que la relación entre el hombre andino y su s dioses es muy sutil: en agosto y febrero o en primavera y otoño. Como para los antiguos incas, para los pastores andinos actuales el otoño el principio del nuevo año. En esta época han nacido las crías de la alpaca y la llama, los animales adultos se han vuelto ha apareary se ha concluido la esquila de los rebaños, esta a punto de empezar un nuevo ciclo vital y, como siempre en situaciones como estas, las personas no saben que les deparara el futuro. El mes de febrero, por tanto, es un mes de transición, uno de los dos pina killas o “meses coléricos” que se repiten cada año, y no es de extrañar que durante estos días abunden tormentasaterradoras, porque los apus están en movimiento y hambrientos y si no les trata como es debido se alimentan de corazones humanos.

Cada familia de pastores tiene su propio apu, que es la fuente y protector de sus rebaños. El apu familiar reside en la colina o montaña más alta de los alrededores y no es de extrañar que sea en febrero cuando las familias de pastores celebran la ceremonia haywarisqa, un antiguo ritual que demuestra al propio apu que valoran sobre manera sus rebaños y que han cuidado de ellos durante el año.

Para comprender la ceremonia haywarisqa hay que tener presente que en las ciudades se observan generalmente dos clases fundamentales de rituales: los “ritos de transito” o rituales que marcan el cambio de función de una persona en la sociedad y los “ritos de intensificación”, que refuerzan o estimulan un proceso natural considerado esencial para sobrevivir. La vida de los pastores andinos depende esencialmente de la supervivencia y el bienestar de sus rebaños y la ceremonia haywarisqa es un clásico “rito de intensificación” en el que se ruega por el futuro bienestar del ganado.

La ceremonia haywarisqa se inicia en la puesta del sol un día del mes de febrero. Mientras las tormentas aúllan mas allá de sus casas de adobe, los pastores se reúnen y empiezan el ritual del masticado de la coca, la hoja de planta que antes solo era para la nobleza inca, pero que ahora mascan todos los campesinos de los Andes para liberar una dosis moderada de cocaína. Durante los preparativos de la ceremonia de los días anteriores se acumulan hojas de coca, bebidas alcohólicas, vino y maíz para la fermentación de la chicha o cerveza de maíz y se matan varias alpacas para la comida. Finalmente, llega la hora de iniciar la ceremonia haywarisqa. La familia se reúne junto con los parientes varones más cercanos y en el mejor de los casos algunos serán buenos cantores o músicos, un elemento fundamental, porque la música siempre acompaña a las ofrendas a los dioses de la montaña.

La familia va masticando hojas de coca y se va emborrachando con chicha. En un momento determinado uno de los familiares entra en la casa y sale con un curioso atado envuelto en tejidos llamado señalu q'epi p "atado sagrado", gesto que marca el punto culminante de la noche, el eje de alrededor del cual gira todo el festival. Los objetos sagrados que contiene el atado son representaciones simbólicas del mundo andino, por lo que se desenvuelven con la misma reverencia con que un penitente cogería las reliquias de un santo cristiano fallecido.

El atado, que ha estado muy escondido durante todo el año, ha pasado de padre a hijo primogénito durante innumerables generaciones y su tamaño y contenido varía según los recursos económicos de cada familia. Mientras que los pobres generalmente tienen atados pequeños con pocos objetos, los de los ricos pueden ser atados tan voluminosas que hagan falta dos o tres personas para transportarlos. La duración de la ceremonia haywarisqa sigue pautas similares puede durar un sólo día en las familias pobres y llegas hasta tres o cuatro en las acomodadas.

Cualquiera que sea del tamaño de la señalu q'epi, siempre está envuelto con una bolsa o manta vieja y deshilachadas. A medida que van quitando las capas sucesivas y se van adentrando en su sagrado interior mejora la calidad de los envoltorios y uno de ellos es tradicional mantel que se extiende cuidadosamente en el suelo sobre el que después se irán poniendo los objetos sagrados. Mientras la chicha y las hojas de coca circulan de unos a otros, se van haciendo visibles varias de las bolsas o pukuchu confeccionadas con el pelo extraordinariamente suave de las crías de alpaca, fibra que es una de las más suaves y finas que existen en el mundo de los Andes. En cada pukuchu hay más hojas de coca q se han ido almacenando desde el año anterior y que se masticarán durante la ceremonia; cada familiar recibe su propio pukuchu, incluso los niños, que también mascan las hojas.

La lumbre ilumina otras bolsas que se desenvuelven cuidadosamente y que contienen objetos como mechones de lana de alpaca negros, blancos o de color o onqosani, la fibra cortada cuidadosamente de la región pectoral de una alpaca que se ha dejado crecer de dos a cuatro años y que tradicionalmente sirve para hacer cuerdas y bolsas, los mechones simbolizan, por tanto, los artículos tejidos que producen los pastores para el trueque o la venta.

A continuación, se desenvuelven las bolsas que contienen sogas confeccionadas con lana de llama, o puruwana, que se cruzan alrededor del pecho del encargado de servir chicha. A partir de este momento las jarras de chicha se acarrean con las sogas sagradas, que sólo se devolverán a los atados al fin de la ceremonia. Las puruwanas simbolizan el importante papel que desempeñan las llamas en la agricultura rural y la estima en que las tienen los pastores. Puesto queel atado sagrado contiene simbólicamente todos los elementos considerados de primordial importancia en el mundo andino, las llamas también están muy bien representadas.

Otro grupo de objetos del atado que se relaciona directamente con el mito del origen de la alpaca son las qochas o conchas marinas. Qocha es una palabra quechua que denota cualquier masa de aguas, ya sea un lago, un manantial o un océano. Las conchas marinas del atado representan, por consiguiente, los manantiales y lagos por los que las alpacas salieron originalmente de la Tierra y simbolizan, asimismo, el deseo de las alpacas de retornar al mundo interior a través del agua para reunirse con su señora.

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El punto culminante de la ceremonia haywarisqa

Finalmente, está todo dispuesto para el clímax de la ceremonia. Es en este momento cuando se desenvuelve cuidadosamente y se muestra el atado más secreto, confeccionado con fibra de vicuña o de alpaca color vicuña. Mientras se elevan plegarias y se cantan canciones sagradas se van sacando del interior del último atado unos extraños objetos, unas figuritas estilizadas labradas en piedra que representan alpacas, alguna llama o incluso ovejas. A la luz de la hoguera, van poniendo las figuras talladas, que proyectan oscuras sombras, en el centro de la manta que hace las veces de mesa sagrada, de un modo similar a la colocación de los objetos empleados para celebrar la Santa Misa. Las figuritas de piedra reciben el nombre de qonopas y son representaciones simbólicas de los rebaños dadores de vida con que los apus bendijeron hace mucho tiempo a la humanidad. La palabra qonopa data por lo menos del siglo XVI y muchas de las que se muestran se remontan probablemente a tiempos precolombinos.

En general, las qonopas están talladas en piedras negras, aunque hay algunas con manchas o de color blanco, marrón o verde. Las qonopas tienen un orificio en el lomo llamado qocha o recipiente, que se llena de vino, licores o chicha. En el atado de las qonopas también hay unas piedrecitas brillantes sin trabajar llamadas enqoychus que son algo más que simples piedras. Se cree que ambas poseen enqa, la fuerza generadora de vida responsable del bienestar y la fertilidad de los rebaños. En el mundo superior la presencia de enqa siempre es precaria y por lo tanto hay un esforzarse para conservarla. Si hay suficiente enqa, los pastores y sus rebaños florecerán, sin ella y sin la participación de las qonopas en la ceremonia, los rebaños corren el riesgo de perecer.

De este modo, llegamos al objetivo central de la ceremonia hayarisqa: es un clásico rito de intensificación que renueva y mantiene la fuerza generadora de vida del universo andino. (Cabe recordar que la palabra enqa también se empleaba para referirse al señor inca, dador de vida al imperio entero y a su pueblo, y en la actualidad continúa teniendo la misma connotación positiva.) El poder de la enqa de las qonopas y las enqoychus es limitado y puede variar con el tiempo. El propósito de la ceremonia haywarisqa es recargar de enqa las piedras sagradas, porque de otro modo la fuerza vital que poseen podría desaparecer por completo y, una vez perdida, es casi imposible recuperarla. Todavía es más amenazador el hecho de que si desaparece su fuerza generadora de vida; las qonopas y las piedras pasan de repente de ser fuerzas beneficiosas a perjudiciales y pueden infligir serios daños a los pastores y sus rebaños. Las ceremonias hywariqa se celebran cada año en honor precisamente para que las qonopas y las enqaychus no se “enfrien” ni pasen “hambre”, porque en ese caso cuando podrían volverse contra sus propietarios y devorarlos.

Mientras recitan las plegarias en voz baja y suplican a su dios de la montaña que les envíe un gran numero de alpacas para que aumenten sus rebaños familiares, los participantes ponen las qonopas y las enqaychus encima de la mesa de tejido y delante suyo las conchas marinas o qochas, que simbolizan la venida de las alpacas desde el mundo interior y los lugares húmedos en los que gustan pacer. A continuación, se simbolizan, se esparcen las hojas de coca sobre las figuritas de piedra al compás de las plegarias para representar los verdes pastos circundantes. Entretanto, los qochas u orificios del lomo se llenan de ofrendas de vino, bebidas alcohólicas o cerveza.

Despues de ingerir grandes cantidades de bebida, coca y alimentos, hacia la media noche se terminan las plegarias, las enqaychus y las qonopas están saciadas y la ceremonia continua en orden inverso hasta el amanecer, momento en el que se acaba de recomponer el atado sagrado o señalu q’epi. A partir del alba, se pasan todo el día bailando, comiendo, bebiendo y cantando al son de la música, y el ambiente es lógicamente festivo, porque se han restablecido las buenas relaciones con los dioses de la montaña, la enqa y la armonía del universo .

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